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Trainspotting, película de 1996 dirigida por Danny Boyle, contenía una carga de excitación a cada momento; sus imágenes plagadas de música dinámica que podían llevar al corazón a latir más y más fuerte. Los temas dentro de la película solían ser identificados por generaciones cercanas (y comprendidos por las anteriores); el ambiente era lo que más atraía, la vida juvenil, no sólo en Escocia, sino en gran parte del mundo urbano: fiestas, sexo, música, drogas, bares. Correr y correr, un pie sobre la tierra mientras el otro está en aire, repetición. Un ciclo andante. Trainspotting significó miles de cosas. En el presente lo sigue haciendo. En el futuro, a pesar de los miles de cambios que puedan surgir, seguirá significando; y es que los humanos buscamos eso: identificarnos con algo, reconocerlo como parte de la vida, hacerlo nuestro.

Es indiscutible que hablar de una secuela para dicha película resulta abrumador. ¿Cómo se puede mostrar la vida de estos cuatro junkies, 20 años, después al mismo estilo que la original mostró? No se puede. Jamás. La ventaja es que eso lo entiende a la perfección Danny Boyle y no intenta perseguir un arquetipo, no pretende imitar a su obra antecesora, quizá piense en dejar toda esa energía a un lado.

T2 Trainspotting es sobre el regreso de Mark Renton (Ewan McGregor) a Edimbugo después de 20 años ante la traición que realizó a sus amigos: les robó 16 mil libras que habían conseguido en la venta de dos paquetes de heroína. Pero más allá de eso, es que los personajes siguen siendo unos adolescentes, siguen sin encontrarse ni saberse. Aún buscan su camino y el significado de todo. Eso es de lo que habla la película: encontrarse, o al menos volver a hacerlo; afrontar el pasado y deja de mentir acerca de querer cambiar o no querer a tus amigos: el pasado siempre estará presente, persigue y atormenta, tiene consecuencias. ¿Cómo afrontarlo? ¿Cómo afrontar a tu mejor amigo que robó tu parte del dinero? ¿Cómo afrontar a los amigos a los que les robaste? ¿Cómo afrontar tu abandono a tus padres? Y lo más importante, ¿cómo afrontar el haberte abandonado a ti mismo?

Los años no pasan en vano, y desde Trainspotting se nos venía diciendo: el mundo cambia, la música cambia, la gente cambia. Es imposible pararlo y dejar que todo permanezca en el lugar que está. En T2 todo ha cambiado, ya no hay dinamismo, ya no hay música, ya no hay drogas, ya no hay juventud; sólo quedan los pequeños destellos que, en ocasiones, el pasado y la vida dejan ver. Es por eso que no hay un punto de comparación entre la original y la secuela, a pesar de necesitarse entre sí, son diferentes y crean un nuevo mundo para cada una. Hay temas diferentes, hay menos vigorosidad. Esto no viene en un sentido peyorativo, sino al contrario: es necesario.

Y la pregunta que más se hacía: ¿T2 caerá ante la nueva característica del Hollywood system, también llamada, nostalgia? Bueno, “Nostagia, that’s what you’re here for”. Sí, recurre a ella, pero a la vez se burla de tal; la comprende y la limita. Si uno espera encontrarse con Renton y Spud corriendo en las calles de nuevo al ritmo de Lust for life, no sucederá. Ni siquiera da el placer de escuchar alguno de los temas musicales de su pasado; probablemente ni busque presentar nuevos.

T2: Trainspotting es una de las secuelas más innecesarias de la historia, y aun así sabe cómo jugar con el público y tenerlo bajo sus manos de nuevo. No a base del Hollywood system, sino en tener el conocimiento de cómo transcurre la vida hasta llegar a un punto en que se deja de llamar “innecesaria” y se convierte en pertinente.

Título original: T2 Trainspotting

Año: 2017

Duración: 117 min

Director: Danny Boyle

Cast: Ewan McGregor, Robert Varlyle, Jonny Lee Miller, Ewn Bremmer, Kelly Macdonald

País: Reino Unido

 


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Autor

Guillermo Garibay Arellano - @Ggarellano22

1998. El cine y la música. FCPyS.

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